Aparte
Prensa
El País, sábado 13 de julio de 2002
"UNA REALIDAD CERCANA "
El film marca el regreso del director a su Uruguay natal y a su mejor inspiración documental.
por Guillermo Zapiola
Están muy cerca de nosotros, aunque finjamos no verlos. Los protagonistas de Aparte, formidable largometraje documental uruguayo dirigido por Mario Handler que se preestrena mundialmente esta noche a las 22.15 en Cinemateca 18, con entrada por invitación en el marco del III Festival de Invierno, provienen de una marginalidad montevideana que, según todo lo indica, crece día a día y llegó para quedarse.
Durante más de un año, Handler convivió con sus personajes: habitantes de un asentamiento suburbano, hurgadores, pequeños delincuentes, madres solteras con sus hijos, un adolescente que sueña con el viaje a Estados Unidos, prostitutas, un preso enfermo de SIDA. Gente que no actúa ante la cámara sino que vive su vida, bromea, baila, juega al fútbol, consume marihuana o pegamento, padece y a veces muere, sin que el cineasta intervenga para imponer sentidos o emitir un sermón. Esa realidad está ahí, esa gente existe, y el film llama la atención sobre ella sin pretender que tiene soluciones mágicas para sus problemas.
El primer mérito de Aparte proviene de la enorme habilidad de Handler como camarógrafo, cuyo lente se introduce en los lugares más inesperados y sabe casi siempre seleccionar la imagen reveladora que complementa y enriquece lo que los personajes dicen: el nervioso gesto con las manos, una risa histérica, la pícara sensualidad de la chica consciente, al mismo tiempo, de su atractivo y de la cercanía de la cámara. A menudo la emoción surge de la mera elocuencia de la imagen: los vehículos que se desplazan por la carretera junto a la joven pareja que carga a su hijo; la desolación de una vivienda precaria y el basural cercano; los corredores y celdas en un establecimiento de detención; un niño que vapulea a un gato, probablemente imitando conductas que ha visto en los adultos. Otras veces el film refuerza su eficacia mediante una hábil compaginación: la exaltación del ensayo de un grupo de baile que contrasta con la noticia de una muerte, y el lacónico registro del entierro posterior.
En varios momentos el cineasta entregó una cámara a sus "documentados" para que se filmaran entre sí: esas imágenes aparecen incorporadas a la película. Sin embargo, el film es básicamente un logro individual (el propio Handler ha hablado de "one man's team"): el cineasta dirigió, editó y manejó la cámara, con el solitario aunque fundamental apoyo del sonidista Daniel Márquez.
El resultado prolonga una vocación crítica y de apertura a la realidad que su director ha exhibido desde sus peleadores años sesenta (Carlos, cine retrato de un caminante, 1965; Elecciones, codirigida con Ugo Ulive, 1966; Me gustan los estudiantes, 1968). Luego vendrían el exilio en Venezuela y otros lados, una importante labor como documentalista y algún traspié en el cine de ficción (Mestizo, 1988). De regreso a casa, Handler está aportando con Aparte lo que probablemente sea su film más maduro hasta la fecha, y un título fundamental en la historia de la producción uruguaya. Es muy fácil pelearse con Handler fuera del cine, pero es imposible ignorarlo dentro de él.
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