Aparte
Prensa
BRECHA, 12 de julio de 2002
Este fin de semana se estrena el último documental de Mario Handler, centrado en un Montevideo profundo y crudo: un grupo de jóvenes que sufren la marginación social y cultural.
Con Mario Handler
"Aparte", demasiado aparte
Diego Sempol
Realizador de Carlos, Elecciones, Me gustan los estudiantes, Líber Arce Liberarse, más varios films en Venezuela, donde vivió varios años desde la instauración de la dictadura, Mario Handler acomete con Aparte una dimensión y riesgo inusuales en el documental hecho en el país. Sobre esta opción y el proceso de su trabajo habla el cineasta en su entrevista con BRECHA,
- Para mí, el cine uruguayo tiene que dar más peso al registro de los seres humanos contemporáneos. En ésto existe un hueco enorme. Es necesario tener registros e incrementar la creatividad, y no perseguir tanto la ficción sin un propósito claro. Ultimamente redescubrí mi vocación documental. No creo que los documentales sean algo de segunda categoría y estoy bastante hastiado de la ficción, los docudramas, y los reportajes. Pensé entonces en retomar el camino que había marcado con Carlos, pero esta vez me interesaba indagar en los jóvenes en situación de marginalidad cultural. El tema tampoco era nuevo para mí porque había sido asistente de Alberto Miller en su película Cantegriles. Pero lo que finalmente me iluminó fue el comentario de una amiga, que es jueza de menores, quien una vez observó cómo a su juzgado iban menores que no podían leer el acta ni firmar, junto a sus padres, que sabían hacer ambas cosas.
-¿Como logró establecer los contactos para llegar a la familia en la que se centra la narración de la película?
- Empecé yendo al Programa Herramientas, que se ocupa de menores infractores, pero no lograba ver la interacción entre ellos, que era lo que realmente me interesaba. Hubo meses de filmación que finalmente no me sirvieron. Luego logré comprarme una cámara digital y cambié de estética. En ese programa conocí a uno de los protagonistas, Neno, me concentré en él y luego pasé a su hermana mayor, Carina. El punto más crítico de la sociedad es una madre soltera adolescente sin compañero, y al principio filmé a una gurisa pero las dificultades eran enormes (su esposo se oponía) y luego me encontré con Milka, cuya historia también sigo en la película.
También fui muchas veces a la Colonia Berro donde conseguí mucho material. Quería que aparecieran, siempre con el trasfondo de la marginalidad cultural, temas como el humor, la muerte y el sexo. Finalmente con mucho esfuerzo logré darle a todo el material acumulado una estructura, que permite mostrar todas estas facetas, y que mantiene al mismo tiempo la información necesaria para que se pueda seguir el hilo narrativo.
- ¿Fue muy difícil hacer un seguimiento a los protagonistas casi cuerpo a cuerpo?
- A mí me gusta ese trabajo pero también presioné un poco para encontrar cosas. Por ejemplo, al principio me costó llegó a filmar escenas en las que fumaran porro, pero después me sobraban, al final les decía que no quería más porro, que me mostraran otra cosa. Milka era muy difícil, a veces me llamaba y me decía que iba a salir de requeche (hurgar) en Pocitos, y yo la acompañaba. A veces llegó a inventar cosas, como cuidar coches, pero no servía para nada. Fui logrando las cosas poco a poco, con mucha intuición. Un día Carina me dice que se iba a trabajar, y le pregunté si la podía acompañar. Se fue con la madre, y cuando llegamos a la calle en la que se prostituye finalmente entendí por completo el significado que le daba ella a la palabra trabajo. Después de eso entramos en confianza y fue todo más fácil. Iba siempre con una gabardina oscura y mi cámara que es pequeña y poco llamativa. Yo les decía que si me robaban la cámara no les iba a servir de nada, porque era muy sofisticada y no hay mercado para venderla. Me robaron de todas formas varias veces, plata, nunca violentamente por suerte. Pero al final las cosas se empezaron a poner cada vez más complicadas. Cuando filmé un partido de fútbol entre mujeres, me tuve que ir a la mitad del juego, porque uno de los gurises, que está medio loco, y su hermano, comenzaron a amenazarme. Salí entero luego de horas de filmación, aunque todavía no sé que va a pasar en el futuro, porque me mandan chismes de que algunas personas estarían planeando hacer ciertas cosas.
- ¿Como se le ocurrió la idea de repartir cámaras?
- Al principio pensaba filmar todo yo, pero me di cuenta que era inevitable abrir el juego. Repartí seis cámaras, tres de las cuales al final nunca más volvieron. La idea no es muy original, y hasta podría hacer una película entera repartiendo cámaras. Pero es un lío, porque nunca sabes cuando te dicen que ya no la tienen si la rompieron o simplemente la vendieron. La gente que tiene muy poca plata cuida muy poco los objetos que nosotros cuidamos.
La escena erótica con Carina fue filmada por el novio que tenía entonces, a quien no le había pedido nunca que hiciera nada. Es una escena muy buena, donde él la induce de a poco, hasta que ella finalmente le pide que no moleste más, y que apague la cámara porque está gastando la batería.
También las historias se fueron ramificando enormemente. Había cosas que no tenían interés narrativo, o que llegaban a un callejón sin salida. Y para seguir todas las historias habría que inventar un sistema de guardia de 24 horas para que cuando pase algo siempre haya alguien disponible para filmar.
-¿Qué problemas le generó involucrarse tanto con las historias de los protagonistas?
- Terminé sintiendo mucha angustia, cada vez se me hizo más difícil. Al principio me había hecho la idea de ir como observador y filmar sin hablar nada. Pero progresivamente fui evolucionando hacia un lugar de promotor bastante paternalista, rol en el que fracasé totalmente. Enfrenté las dificultades de un clivaje cultural muy fuerte centrado en la inmediatez. A Carina y su amiga Angela les propuse que formaran, junto a otras amigas un conjunto, pero nunca consiguieron organizarse. Yo les decía que les pagaba si hacían eso para que la película tuviera un final feliz (se ríe) pero nunca logré nada. Algo similar me sucedió con Neno, Milka, y otros gurises más. Se produjo una relación de dependencia, con muchas ilusiones respecto a mí. Tuve que aclarar muchas veces que estaba haciendo sólo una película, y que no era un trabajador social. Me empecé a convertir en el que daba, tuve que marcar en varias oportunidades que sólo daba plata para la película, y no para otras cosas. Muchos me trataban como si yo fuera Hollywood, como la gran solución. A veces era peor y creían que era de algún noticiero.
- Hay una escena de violencia en la que está implicada Milka. Me impactó mucho que pudiera registrar eso.
- Milka me contaba las peleas que tenía con su novio. Entonces fui varias veces y un día eso ocurrió. Ni bien Andrés llegó a la casa se desencadenó la pelea, ella me había contado que él siempre se reía cuando le pegaba. Cuando ocurrió la escena decidí quedarme adentro de la casa, y filmar las entradas y salidas que se produjeron en la puerta.
- ¿El proceso de filmación duró dos años?
- Fueron en realidad noventa días de filmación. Mi plan era que nunca iba a conseguir más de 30 segundos por día, pero todo salió mucho mejor de lo que pensaba, cada vez que volvía sabía que había conseguido algo interesante. Nunca vino nadie conmigo. Para estar tranquilo era imprescindible que no hubiera ni sonidista, ni ningún iluminador. De todas formas existieron intervenciones inevitables: buena parte de los cigarrillos que fuman los menores en la película los compraba yo. Mi propio vicio provocó que la película fuera tan tabacómana. Si observas la estructura todo lo que aparece en el principio se utiliza al final. Es lo que se conoce como el "cuchillo de Chejov". Es un juego informativo repetitivo donde hasta las canciones se repiten. A veces tuve mucha suerte. La escena final surgió de un encuentro en casa durante el cual no pensaba filmar. Pero de repente vi que la cosa empezó a evolucionar, que la grapamiel ayudaba, y dejé que las cosas sucedieran. Desde entonces aprendí a tener siempre grapamiel en casa, y cada vez que viene alguien lo convido.
- Destaca la tristeza de Carina en la escena final y su intimidad con la cámara.
- Sí, es grandiosa. Ella vio la película y la aprobó, al igual que el resto de los protagonistas.
- ¿De que forma resolvió la parte de audio?
- Dejé lo que aparecía. No hay nada más hermoso que el sonido de la realidad. Incluso descubrí, cuando terminé de armar el film, que la música marca por sí sola los ritmos de las escenas. Ahí entendí por qué en la época del cine mudo había orquestitas o un piano acompañando la (filmacion de la) película. La música marca e impulsa la estructura narrativa. Carlos fue muda, porque con la tecnología de esa época no había posibilidad de registrar directamente los sonidos.
-¿A que obedece su elección por una estrategia documental que deja que las cosas sucedan, y que permite que las propias escenas marquen los ejes temáticos?
- Para mí lo que sirve es eso: dejar que la gente se explique a sí misma. Los personajes que aparecen en un documental tienen que hablar lo que les exige la realidad. Por eso me resulta muy artificial poner una voz en off, o aplicar un estilo entrevista. Es de locos ver a un pescador contando como hace su tarea cuando uno podría tomarse un poco más de tiempo y mostrar como pesca. Para mí es la vida la que manda, y la sociedad y el país necesitan verla para poder conocerla. También muy a menudo se ha caído en registrar la vida en una forma pasiva, lo que al final resulta una suerte de etnografía, que por sí misma no representa la vida, sino una reproducción mucho más vacía. El documentalista tiene que considerarse a sí mismo antes que nada un cineasta, que además de una fuerte capacidad de observación tiene que estar haciendo continuamente opciones estéticas. La forma ideal de trabajo es one man team, ya que más gente distorsiona todo, y finalmente no se logra ninguna escena. Eso requiere que el director sepa técnica, y fotografía, para poder hacer todo él solo.
- ¿Esta modalidad de trabajo traba los facilismos, o cierta inducción al espectador?
- En ambos modelos hay ideología. En este documental hay muchos aspectos de la mía. Ya el mero hecho de ubicar la cámara en un lugar y no en otro es ideológico. Tengo la manía de conocer y para mí cualquier documental lo que tiene que satisfacer entre otras cosas es este aspecto.
Cuando entré en la edición final no podía ver películas, todas me parecían falsas. Tomé excesiva conciencia de dónde están las cámaras, o las fallas de un actor o un decorado. Cuando filmé a Carina bailando y el disco se corta de golpe porque anda mal, ella interrumpe sus movimientos espontáneamente. Me gustaría saber qué actriz es capaz de hacer eso, afrontar algo imprevisto. Se comprobó en 25 Watts que los que salen mejor son los actores improvisados, ya que evitan una cierta falsedad que me molesta bastante.
- ¿Hasta dónde mostrar?
- Hay límites. En mi caso decidí no entrar en nada delictivo, no me pareció tan fundamental. Podría haber incitado un poco en esa dirección pero decidí no forzar nada. Forzar a que roben a una pobre vieja jubilada era un límite que no quiero sobrepasar. No tengo problemas en mostrar escenas de sexo y de hecho me ofrecieron algunas de carácter homosexual, pero finalmente no se concretó nada. Sí quería narrar una agresión real, pero para eso tenía que estar cuando ocurriera. En el partido de fútbol de mujeres, del que me tuve que ir, en el segundo tiempo dos de ellas se agarraron a los piñazos. Llegué a los límites de mostrar los cortes que se practican los menores en su cuerpo en el INAME. Uno de ellos se escondió de la guardia y quiso mostrarlo. Me decía "aquí tengo la loza", y comenzó a pasársela por el brazo.
Me hubiese gustado que apareciera más ciudad, pero esta gente está muy aparte de todo. Carina no sabía ni donde quedan Tristán Narvaja o la Universidad. Me hubiese gustado también que apareciera la interacción de ellos con otras clases sociales pero hay muy poca relación entre ellos y el resto de la sociedad. Ni siquiera existe contacto a través de patrones, o algún trabajo. Es un mundo excesivamente grande y las posibilidades son tantas como las de una comedia humana. Allí existe y se puede encontrar de todo.
No intenté con mi película difundir una propuesta, pero si me preguntan prefiero la integración de esta gente. Todo fue filmado dentro de los límites de Montevideo, pero es otro espacio y otra realidad. Están tan fuera de la sociedad que a veces me pregunto si pueden ser tan felices e infelices como el resto de nosotros.
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