Aparte
Prensa
BRECHA, 12 de julio de 2002
La cámara, la idea y el método
Una cámara en la mano y una idea en la cabeza. El precepto solía animar a los mejores realizadores de aquel cine militante, político e ideologizado que hizo eclosión en América Latina en los años sesenta, y que produjo un fuerte impacto en algunos festivales de cine internacional, provocó miles de polémicas a propósito del lagar desde donde debería filmar el cineasta comprometido, ambientó centenares de ensayos teóricos, y tuvo una limitada, por no decir escasa repercusión a nivel del público. Mario Handler, autor de las emblemáticas Carlos, Elecciones y Me gustan los estudiantes, fue el más preciado, consecuente y exitoso de los uruguayos que integraron aquel movimiento cinematográfico, que en este país fue interrumpido un poco antes de tiempo por la dictadura y que en el resto del mundo fue obligado, poco después, a reformularse por culpa de la vorágine tecnológica, de los cambios en las relaciones de producción entre los países metropolitanos y los emergentes, de la globalización, de la paulatina pero irremediable estandarización de ciertas componentes del gusto del público. Su exilio (en Venezuela y otros países) y las "naturales" limitaciones uruguayas para producir el cine que siente necesario, complicaron más de la cuenta lo que pudo y debió ser un reacondicionamiento artísticamente enriquecedor de una carrera urgida de un reencuentro con su gente, con su público, con su vocación y con su sensibilidad. Ideológicamente, acaso conceptualmente, Handler nunca dejará de ser un revolucionario, un hombre herido, un cineasta que cree que el cine es otra cosa (no simplemente más) que un poco de arte más otro poco de entretenimiento, un luchador, un artista cabal.
¿El último renacentista del cine uruguayo? En todo caso, Aparte marca su renacimiento personal, un emprendimiento al servicio de la más pura de las acepciones del arte: la de vehículo para sensibilizarnos, mejorarnos, comprendernos, sentirnos más humanos, aceptar al otro como es, no como nos dijeron que era o como quisiéramos que fuera.
De eso trata Aparte: de gente. De los habitantes de un cantegril hurgados, captados, extractados, comprendidos a través de un medio expresivo que modifica la forma en que éstos se representan a sí mismos, pero que definitivamente es incapaz de transformar sus vidas, un dato que no se omite. Lo esencial consistía, entonces, en establecer reglas de juego (de representación) claras, transparentes, asumidas por todos: cineasta, protagonistas y espectadores. Nada de cámara oculta, de confesiones arrancadas a la fuerza, de violencia inducida, de amarillismo, de morbo, de reality-show, de engaños, de mentiras, de promesas, de paternalismo, de caridad, de lástima. Y todo de sinceridad, de dejar en claro que ustedes son ésos, marginados y pobres y yo soy clase media Pocitos universitario y no tengo por qué disfrazarme de lo que no soy. Todo en establecer un diálogo, una interacción a cara descubierta entre una cultura representada por una gran diversidad de personas, el barro, los milicos, el reformatorio, el juzgado, la cárcel, el notrabajo, los soplones, el porro, el cemento, las delaciones y las solidaridades, el sida y la pelea peso a peso, con otra cultura, representada por una sola persona y la cámara que está en su poder, que siempre estuvo claro eso: en el cantegril mandan ellos; en la película manda Handler. Aparte es la película de Handler sobre el cantegril, no la película del cantegril filmada por ellos mismos. (Y cuando parece o podría serlo, como en la secuencia en que uno de los protagonistas toma la cámara para registrar a su novia, queda la constancia expresa. La constancia la impuso Handler. La película volvió a su carril.) No hay lugar a confusiones; ésta es una película sobre la realidad, no la realidad. Por eso, claro, parece tan real. Lo es.
Sangre, sudor, lágrimas y años de reflexión, de semi-inactividad, de peleas, de preguntas jamás contestadas. Eso es lo que llevó a Handler a encontrar el camino, que lo condujo con toda naturalidad a esta película en solitario-director, sonidista, iluminador, cámara y que jamás habría sido igual o parecida con un equipo multitudinario (o sea, de más de una persona), seguramente imposibilitado de alcanzar tal conexión con un universo cerrado tan intimidante e intimidado. Aparte es la culminación estética de una teoría llevada a la práctica. La teoría: Para cambiar algo, hay que conocerlo. Para conocerlo, hay que ganar la confianza de quienes se quiere conocer mostrándose como se es. Para mostrarse, hay que llevar la cámara al cantegril y decir que uno va a hacer una película, donde uno decide qué va y qué no va sin dejar de respetar a sus protagonistas en tanto seres humanos. ¿Y la práctica? La puesta en escena del cantegril y de sus seres, claro, pero, antes y después, un proceso de investigación, realización, montaje, búsqueda de síntesis y construcción de una historia llevado adelante tan de cara al espectador como lo fue de cara a sus personajes. La cámara en mano sigue estando, pero ahora es en video: más flexible, permite filmar más y elegir mejor. La idea en la cabeza también sigue estando, pero ahora se le han incorporado la experiencia, los golpes dados y sufridos. Lo que se agregó fue el método, que básicamente consiste en tomar las partes de una verdad para construir otra verdad poniendo a los unos (los marginados del cantegril) frente a los otros (los burgueses clasemedieros que hacen y ven el cine), cosa de que se comuniquen en tanto tales, que eso también son: marginados y burgueses. Aparte le fue útil a Handler porque le permitió reencontrarse con su dramaturgia, sus temas, su método, su arte. También le será útil a la sociedad, porque abre un camino que otros tendrán que transitar: el desafío es que lo hagan con la misma entereza y la misma pasión.RONALD MELZER
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